REINVENTANDO UN NUEVO AMANECER



Prólogo de Jose Manuel Contreras:
Hasta el día de hoy, 4 de febrero de 2014, he visto 19.629 atardeceres y he sobrevivido a 19.629 amaneceres, por lo tanto, creo que, sin ser un experto puedo tener algún conocimiento que otro sobre ‘nuevos amaneceres’, pues cada uno de los sobrevividos ha sido nuevo y único, como seguro lo serán el resto de los que me regale la vida.
Sin embargo, a primeros de año recibí por correo el manuscrito del libro que ahora tienes entre tus manos, “Reinventando un nuevo amanecer”, de la escritora Susi Corrales ‘Suko’, autora mucho más joven que yo… ¿He escrito ‘mucho más joven’? Me prometí al empezar este prólogo no hacer tachaduras ni enmendar lo ya escrito, por lo tanto no lo haré, pero sí debo rectificarme –no porque sea sabio, sino por todo lo contario–, y donde dice: ‘,,,mucho más joven…’; debe decir: ‘…muchísimo más joven…’; echando así mano de la primera y única ‘fe de erratas’ de esta novela.
De ahí que nuestra autora, haya sobrevivido muchísimos menos atardeceres y haya visto muchísimos menos amaneceres y, sin embargo, me ha demostrado, leyendo su novela, que sabe muchísimo más de ‘nuevos amaneceres’ que yo. Por lo tanto, permíteme joven escritora que me descubra ante ti.
Las relaciones de pareja son difíciles a cualquier edad –lo sé–, cuestión que nos demuestran claramente los personajes de esta obra, y la forma tan cruel en que, a veces, la vida nos enseña abocándonos a la desesperación.
Muchas de las situaciones y frases que viven sus personajes nos pueden resultar conocidas; bien porque las hayamos escuchado; las hayamos pronunciado; o las hayamos pensado. Haciendo que los personajes presentados en esta historia sean tan reales como cualquier nuevo amanecer:
‘… las relaciones de pareja hay que cuidarlas día a día y nosotros hemos descuidado la nuestra…’.
Nuestra autora es una magnífica poeta y nos deja brillantes pinceladas entre el lienzo de la prosa que difuminan, sin distorsionar, la crueldad de la vida que, llegado el momento iguala a ricos y pobres; hombres y mujeres; decentes e indecentes, listos y tontos…
Dice el refranero que ‘para muestra, un botón basta’. Pues permitidme que traslade un botón nacarado con la luz de una luna leonesa, que nos regala entre sus páginas:
‘…tapados bajo una manta, junto a la lumbre y con la luna como único testigo, hicieron el amor apasionadamente, como si la noche fuera eterna y solo tuviera como razón de ser, existir para que ellos la disfrutasen…’.
Igualmente nos hace viajar a nuestra infancia; al menos eso ha conseguido conmigo, como si me hubiera leído el pensamiento o, quizá, ella también lo pensó:
‘…Cuando eres niño todo es diversión, no parecen existir los problemas, parece que esos son cosas que se inventan los mayores para llamar la atención…’.
Nací en un pequeño pueblo de la provincia de León, y el hecho de que buena parte de la historia que nos narra ‘Suko’ se desarrolle en bellos parajes conocidos, invita a recorrerlos y, en mi caso, a regresar a sus caminos y veredas.
Sus personajes nos enseñan a luchar, a no rendirnos…, y si la desesperación nos abraza hasta estar a punto de asfixiarnos, nos muestra que podemos reponernos, como lo hacen los protagonistas de esta historia, dejándonos claro que lo más importante no es cuántas veces caigamos, sino cuántas veces seremos capaces de levantarnos.
Sonia lo hace y nos demuestra que es posible sobreponerse, mirarse de nuevo frente a la vida, respirar hondo, reinventarse…, y volver a caminar.

Nos invita a un verdadero paseo por la vida, solo tenemos que atrevernos a aceptar la invitación. Yo paseo por la vida, de nuevo.


Cristina Penalva escribe:

(…)
Dificil de encasillar en un estilo determinado, posee una fuerza literaria que nos atra desde el primer momento, su libro se convierte en un verdadero tratado poético de educación existencial.
(…)
“Suko escribe de una forma descarnada, sencilla, directa, hiriente, sin exceso de adjetivos, construyendo en ocasiones párrafos a la manera de un poema. Sus narraciones son bosquejos que podrían ir más allá, pero que por sí mismos bastan para quedarse clavados en la memoria. Puede ser una imagen, una idea, un razonamiento, pero lo cierto es que seguimos recordando el libro mucho después de acabada su lectura”.




Fotografías de Abel García publicado por Begoña Sánchez ©